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Mostrando entradas de mayo, 2025

Capítlo 135: Roma... otra vez.

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        Roma… otra vez. Vivía alegremente en Roma con mi familia Desde la terrada del ático cerca del Ponte Vittorio, podía disfrutar de las vistas del castillo Sant´ Angelo. Lo admiraba todas las mañanas tras despedirme de mi marido y mi esposo. Costaba imaginar que aquella vida de ensueño fuese real, con mi nuevo marido y mi hijo, viviendo en la ciudad que me había    convertido en un toda una celebridad tiempo atrás. A mis casi cuarenta años me sentía totalmente eufórica. En junio de ese mismo año descubrí que volvía a estar embaraza. Y por supuesto me tomé la feliz noticia con ilusión y alegría, pero también con muchísima cautela.

Capítulo 134: La boda.

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        La boda. Tan solo diez días después de comprometernos, el 6 de enero de 1969, Andrea y yo nos casamos en el ayuntamiento suizo de Morgues. Yo llevaba un precioso vestido rosa de mi amigo Givenchy.      En la pared de la oficina de correos de Tolochenaz-sur-Morges, entre todos los anuncios de boda que la ley suiza obligaba a comunicar, estaba el mío. Andrea Paolo Mario Dotti, 30, médico psiquiatra, y Audrey Kathleen Hepburn, 39 ciudadana británica. Tras pasar la luna de miel en La Paisible , la tranquila casa suiza se quedó como lugar de retiro para las vacaciones y algunos fines de semana. Mi madre, la baronesa, se haría cargo de la finca. Mientras tanto me mudó con mi hijo y mi nuevo marido a Roma, donde mi esposo ejercía como psiquiatra catedrático universitario. En aquel momento no me preocupaba volver a rodar, porque ya había trabajo desde la adolescencia y ansiaba una vida tranquila y serena con mis seres queridos.

Capítulo 133: El anillo.

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     El anillo. Andrea pasó las navidades con Sean y conmigo en Suiza. De hecho, apenas nos habíamos separado desde que nos conocimos. Tras la cena de Nochebuena Andrea se sacó del bolsillo de la americana una pequeña cajita de joyería. En cuanto la abrí descubrí que si interior guardaba un precioso anillo de compromiso con un diamante banco. Andrea me pidió que me casara con él y al instante le dije que sí. Sé que podía parecer una locura, pero si él me amaba y yo le amaba a él, ¿qué podía salir mal? Por supuesto que sí. Una y mil veces me casaría con él.