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Capítulo 156: Frustración.

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     Frustración. Todo seguía igual. Andrea Dotti me ponía los cuernos de forma indiscreta y despiadada. No mostraba ningún sentimiento de culpa y a mí eso me frustraba a un todavía más. Me sentía tremendamente decepcionada y angustiada ante la idea de pasar por otra separación. Me dolía que mi hijo Luca tuviese que vivir aquella experiencia. Por eso al final decidí no divorciarme. Tonta de mí esperé a que Andrea cambiara, pero él, por supuesto, nunca cambió. Porque ellos nunca cambian y nunca cambiarán.

Capítulo 155: Malditas habladurías.

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     Malditas habladurías. Llegaban rumores desde Italia, habladurías frustrantes acerca de mi marido, Andrea Dotti. La prensa publicaba fotografiáis suyas en fiestas nocturnas, siempre acompañado de mujeres jóvenes. Es su forma de relajarse, no puedo exigirle que se quede en casa viendo la televisión cada vez que me voy. Eso es lo que le dije en cierta ocasión a la prensa. Por supuesto mentía, porque en realidad me sentía inmensamente frustrada. Aquellas fotografías hacían que se me quebrase el alma Pero no quería desacreditar a Andrea en público. En el National Enquirer le insultaban mientras a mí me dejaban como a una santa. Andrea me decía que tan solo eran amigas. Pero a mis cuarenta y seis años no esperaba tener que discutir sobre algo así. Había descubierto, muy a mi pesar, la verdadera naturaleza de mi esposo: el brillante psiquiatra que no iba a ser realmente fiel jamás.

Capítulo 154: España, James Bond y la fiesta de San Fermín.

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   España, James Bond y la fiesta de San Fermín. Sean Connery, Robert Shaw, Richard Harris así y como el resto de los actores, hicieron que me sintiera de maravilla durante el rodaje en Pamplona. Todos eran muy amables conmigo y también entre ellos La película, ambienta en la Edad Media, se rodó a un ritmo frenético durante aquel verano. Un día pude escaparme junto a mi compañero de reparto, James Bond, para ver los encierros de San Fermín. Conocer otras culturas distintas a la mía siempre me había llamado la atención. Y en España tienen algunas costumbres muy curiosas además de una inmejorable gastronomía. 

Capítulo 153: Agente 007.

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     Agente 007. Mi hijo Luca enloqueció cuando se enteró de que su madre iba a trabajar con James Bond, el agente 007. El pequeño era un gran fan de sus películas.     De modo que el niño, la niñera, la peluquera, el maquillador y un ayudante, viajaron conmigo a España para rodar Robin y Marian.        Cualquiera habría podido pensar que había perdido la práctica después de tanto tiempo. Pero no, lo cierto es que para mí, colocarme delante de la cámara fue como montar en bici de nuevo.      Supe adaptarme bien y rápidamente a pesar de que el cine había cambiado, y no poco. Ahora ya nadie me consultaba prácticamente nada. Los actores se limitaban a actuar sin más ni menos. Nadie me avisaba de los cambios de guión. Sabía que tampoco tendría la oportunidad de visionar los planos junto al director para darle mi opinión sobre determinados aspectos tanto técnicos como artísticos. Y todo eso por no hablar d...

Capítulo 152: El nuevo guión.

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    El nuevo guión. Fue en enero de 1975 cuando recibí un nuevo guión. Llevaba años rechazando guiones y más guiones. Aun así mi agente seguía insistiendo en mandármelos. En esta ocasión mi reacción fue diferente. No me negué tajantemente desde un principio. ¿El motivo? Porque la historia me resultó realmente conmovedora además de original. Aquel guión tenía algo que contar, algo importante además.      Se trataba de Robin y Marian , un guión ingenioso y tierno que contaba el reencuentro de Robin Hood y Lady Marian siendo ya mayores. Robin Hood regresaba cansado y envejecido de las Cruzadas, y Marian era la abadesa de una comunidad religiosa.        De nuevo se me presentaba la oportunidad de volver a interpretar a una monja, dato que me llamó mucho la atención. Aunque esta vez se trataba de un tono muy distinto. Además, con los gastos médicos de mi madre y el mantenimiento de L a Paisible , no me venía mal reabastecer mis ...

Capítulo 151: La baronesa.

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     La baronesa. Mi madre vino a visitarnos a los niños y a mí a La Paisible. Mi madre había cumplido ya los setenta y ocho años. Comenzaba a tener problemas notables de salud y a necesitar ciertos cuidados médicos. Intenté que mi madre estuviese cómoda, procuré que no le faltase de nada. Aun así nuestros caracteres seguían sin encajar del todo. Mi madre, la fría baronesa Ella vam Heemstra, seguía tratándome con cierta distancia. Me consolaba pensar que, a estas alturas, ya no podía hacerlo mejor. 

Capítulo 150: ¿Pero cómo es posible?

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    ¿Pero cómo es posible? Aquel verano, a mis cuarenta y cinco años, volví a quedarme embarazada. Fue una sorpresa mayúscula que me hizo muy feliz. Pero también era como un torbellino. Al fin y al cabo era un embarazo de riesgo. Mi séptimo embrazo, y con tan solo dos niños que hubiesen llegado a término. Pero no quería pensar en ese vacío que tantas veces me había embargado. En el dolor por la pérdida de aquello que más deseaba en este mundo. Tenía que confiar una vez más.      Por desgracia la pérdida se hizo presente. Mi séptimo embarazo se convirtió en mi quinto aborto. Pero tenía que seguir, seguir adelante a pesar de todo. Porque tenía una familia maravillosa, una madre que pronto vendría a visitarme, y la posibilidad de volver a Hollywood algún día.