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Mostrando las entradas etiquetadas como Vida adulta I

Capítulo 124: Sola y con Mel.

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     Sola y con Mel. Así era como me sentía. A los pocos meses nos fuimos a Los Ángeles para rodar Sola en la oscuridad conmigo como protagonista y con   Mel como productor. Mi personaje, una mujer ciega que a menudeo terminaba magullada, era la perfecta metáfora de cómo me sentía. Y era curioso como aquella película que había empezado como un proyecto muy deseado con Mel, se había convertido en algo poco agradable para ambos.      Mi pobre Sean seguía en La Paisible porque no quería alejarlo ni de su colegio ni de sus amigos, así que lo llamaba por teléfono todas los noches. Y aunque apenas tenía seis años hablábamos un poco. Lo único que quería era que escucha mi voz y escuchar yo la de él.      El ambiente en el lugar de y trabajo no era malo, y todos los días y tomábamos   el té a las cuatro pesar de estar en Estados Unidos, lo cual me hacía sentir, de algún modo, como en casa.

Capítulo 105: Encuentro en París.

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      Encuentro en París. Sean crecía feliz en Villa Bethania, nuestra casa rústica rodada de árboles que tan reconfortante me resultaba. Sean cumpliría pronto los dos años y yo los treinta y tres. Me gustaba tanto la vida doméstica junto a mi pequeño, que estaba decidida a aceptar tan solo los papeles que realmente me interesasen. Por ese motivo acepté el papel protagonista en Encuentro en París en el año 1962, con un sueldo astronómico y el vestuario a cargo de mi buen amigo Hubert Givenchy.

Capitulo 99: Mansiones verdes y un diablo.

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     Mansiones verdes y un diablo. Aquel extraño y a veces complicado año acabó de la mejor manera posible. Cuando terminé con el rodaje de la película Mansiones verdes descubrí que una vez más estaba embarazada. Era octubre de 1958 y me había competido a rodar un western con Josh Houston a principios del siguiente año junto con Burt Lancaster. Los que no perdonan se rodaría en México, con todo el calor, el viento y el polvo. Además tendría que montar un caballo árabe llamado Diablo. Decidí tomar clases de equitación para evitar cualquier riesgo. Pero no quería contarle a nadie lo de mi estado. En enero de 1959 Diablo se encabritó y con un movimiento brusco me lanzó por encima de su cabeza. En el set todos recordaban el fuerte estruendo que había hecho al caer. Estaba consciente y sabía que me había hecho daño, pero yo tan solo podía pensar en el bebé que creía en mi interior. Cuando me trasladaron en avión al hospital, respiré aliviada al haber que seguía embara...

Capítulo 98: Joseph Ruston.

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      Joseph Ruston. Mi querido esposo Mel era consciente de que todavía tenía en la memoria a aquel padre que me había abandonado de niña. Tras seis meses visitando lugares que desconocía o que hacía tiempo que no visitaba, tenía a mi padre en la memoria más que nunca. Y Mel lo sabía. Por eso consiguió localizarlo a través de la Cruz Roja. Me contó que vivía en Irlanda, que habían estado hablando y que le había reconocido de inmediato. Por lo visto mi padre había seguido mi carrera como actriz y ahora quería verme. Acepté porque pensé que de esa forma se cerraría aquel pequeño círculo sin sellar.     De modo que juntos volamos desde Lucerna hasta el hotel Shelbourne en Dublín. Esperamos el aviso frente al teléfono. Miré fijamente al teléfono de nuestra habitación de hotel durante un rato. Estaba tan profunda ensimismada en él que me sorprendió cuando al fin sonó su llamada. Joseph Ruston nos aguardaba en el vestíbulo.      Habían pasado ...

Capítulo 97: El rodaje y el fin de una relación.

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     El rodaje y el fin de una relación. Robert Anderson me acompañó todo el tiempo durante el rodaje de Historia de una monja a pesar de que no era habitual contar con un guionista durante el proceso de producción. Estuvimos en Los Ángeles, en Roma y en el Congo. Nos amamos entre rodaje y rodaje hasta que un día todo se complicó. Por aquel entonces yo tenía veintinueve años, y por supuesto seguía persistiendo en mi mayor deseo: convertirme en madre. Cuando se lo conté a Robert este me miró como lo había hecho mi querido William Holden tiempo atrás al confesarme que se había hecho la vasectomía. Robert me explicó que era estéril y mi pequeño mundo idílico se vino abajo una vez más. Con un beso sellé la relación.        

Capítulo 96: Oblatas de la Asunción.

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     Oblatas de la Asunción. Para prepararme pasé un tiempo viviendo en el convento francés de Oblatas de la Asunción donde conocí la vida diaria de las monjas. Austeridad, devoción, y silencio. Esas eran las tres palabras que representaban mi vida en el convento.      El rodaje comenzaba el 28 de enero de 1958 en el Congo. Antes de ir pasé cuatro días en una colonia de enfermos de lepra junto al misionero y doctor británico Stanley Brown. Admiré su labor sin dejar de preguntarme qué estaba haciendo yo por los demás.      El rodaje en el Congo muy muy duro, una de las experiencias físicas y emocionales más duras de toda mi vida. Fueron 132 días de rodaje con temperaturas entre 37Cº y 54Cº. Estaba lleno de todo tipo de insectos y serpientes, y la gente no dejaba de desmayarse. Rodamos en el hospital, en una leprosería y en la escuela de la misión. Terminé en un quirófano, observando varias operaciones (entre ellas una cesárea en ...

Capítulo 95: Kathryn Hulme y Marie Louise Haberts.

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     Katheryn Hulme y Marie Louise Haberts. Una mañana cualquiera cuando acudí a una de las reuniones de producción, me llevé una inmensa sorpresa al encontrarme con la autora del libro y con la auténtica protagonista de la novela.      Sentí un inmenso respeto por ambas mujeres, tanto que apenas me atrevía a dirigirles la palabra o a hacerles preguntas. Tan solo me dedicaba a observaras a las dos pensando y admirando el aura mística que parecía envolverlas. Con el tiempo comencé   coger más confianza y supe que tenía una conexión especial con aquellas mujeres y que de algún modo se habían convertido en dos de las personas que sentía más cerca de mi vida. Gracias a ellas aprendí mucho acerca de mi personaje, porque quería interpretarlo bien sin caer en excesos teatrales. Sentía mucho respeto por la profesión de monja. Aprendí a hacer la genuflexión y a santiguarme con total naturalidad. Me puso los hábitos, y la primera vez que lo hice me sentí prote...

Capítulo 94: Un amor prohibido.

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     Un amor prohibido. Ese tipo de amor es el que se terminó fraguando entre Robert y yo. Sentíamos estima y admiración el uno por el otro, tanto que los gestos de complicidad absoluta pronto fueron evidentes para ambas partes.      Finalmente terminamos iniciando uno de esos romances prohibidos. En aquel momento yo tenía veintiocho años y estaba casada mientras que Robert tenía cuarenta. Creo que de algún modo él proyectaba en mí su propia pena, y que ambos tratábamos de llenar ese vacío imposible de nuestras almas.

Capítulo 93: Robert Anderson.

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     Robert Anderson. Conocí a Robert Anderson en Los ángeles, a finales de junio de 1957, cuando me reuní con el equipo creativo de la película. Él era el escritor contratado para adaptar la novela. De inmediato me pareció un hombre inteligente, pero también muy serio y con una nota de tristeza profunda en su interior. Más tarde supe que acababa de perder a su mujer tras una larga enfermedad después de pasarse muchos años cuidándola. Con Robert sentí una conexión inmediata, quizás por esa huella de tristeza profunda que compartíamos, de alguna manera ambos estábamos rotos por dentro. Robert vino a mi apartamento muchas veces durante aquel verano para tratar a la hermana Lucas. Ambos sentíamos una fuerte admiración por ella. Tiempo después, Robert Anderson escribió una novela a la que tituló After. La protagonista Marianne, estaba basada en la hermana Lucas y especialmente en mí. La presentó como una mujer que había pensado en ser monja porque se sentía fascinada por su ...

Capítulo 92: La hermana Lucas.

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    La hermana Lucas. Ella era la protagonista de la historia. Su nombre real había sido Gabriel van der Mal antes de convertirse en la hermana Lucas. La protagonista había crecido en una familia acomodada antes de ingresar en un convento. Tras cuidar a los enfermos de lepra en el Congo durante nueve años, la hermana Lucas había regresado a Bélgica para asistir a los heridos de la guerra. Cuando descubrió que su padre había sido asesinado por los nazis, por lo que se liberó de sus votos para trabajar como enfermera.     No solté el libro en los dos días que tardé en leerlo. Lloré otra vez mientras lo hacía. Aquellas imágenes, aquel terror del pasado, todo lo que había vivido en la guerra siendo apenas una niña, volvió a mí. Admiraba profundamente a la hermana Lucas por su generosidad, honestidad, valentía y humildad. Cómo daba sin pretender obtener nada a cambio tan solo por amor. Sentía que quería conocerla y que para eso debía contar su historia. 

Capítulo 91: Historia de una monja.

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   Historia de una monja. Una mañana el cartero me trajo un telegrama. Era de Kurt Frings, mi representante. Ya le había dicho que no aceptara nada de nada, y no creía que hubiese encontrado por arte de magia un proyecto que me hiciera cambiar de idea. Pero así fue. Warner Brothers estaba preparando una producción sobre una novela de Kathrym Hule titulada Historias de una mona que había vendido millones de ejemplares. El papel protagonista era totalmente diferente a todo lo que había hecho hasta entonces. La historia estaba basada en hechos reales y en unos días la recibiría en casa. Frings me pedía por favor que la leyera y que sopesara realmente la posibilidad de aceptar el papel protagonista. 

Capítulo 90: Las películas con Fred.

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     Las películas con Fred. Cuando estaba en México recibí noticias del estreno de la película Una cara con ángel en Estados Unidos y en Europa. Los espectadores hacían largas cosas en los cines para ver a la pareja compuesta por Hepburn y Astaire. Aquello me hacía feliz, pero mi eterna modestia me decía que no era por mí sino porque las películas con Fred Astaire siempre iban bien. Una vez más, mi inseguridad no me dejaba atribuirme el éxito.

Capítulo 89: Repasando mi carrera.

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    Repasando mi carrera. Aquel año sabático me sirvió para reflexionar. En todas mis películas tan solo sucedían dos cosas: o bien me emparejaban con un actor mayor que yo y debía mostrarme ingenua, jovial y espontánea; o por lo contrario interpretaba a una mujer de época muy elegante. En aquel momento no me convencía la idea de volver a repetir esos estándares. El mundo entero me había visto solo como Gigi, Sabrina, Anna o Natasha. ¿Pero quién era yo realmente? Sentía que me acercaba a la madurez y que tal vez había llegado el momento de mostrarme de otra manera.

Capítulo 88: Volver a descansar.

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   Volver a descansar. Tras un rodaje no muy largo que hice junto a mi marido para la televisión en la que los productores habían estado buscando a una pareja de verdad como protagonistas, y tras volver a recibir un salario muy por encima de lo esperado, sentí que debía volver a casa para descansar. El año 1957 fue el primero, en mucho tiempo, que pasé completamente alejada de las cámaras. Mel y yo nos fuimos a México dónde él tenía un rodaje. Le pedí a mi representante que no aceptara ninguna entrevista, ni tampoco actos sociales o publicitarios. Tenía claro que mi próximo trabajo sería en Mansiones verdes , una película dirigida por Mel.

Capítulo 87: Una cara con ángel.

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    Una cara con ángel . Ese fue el motivo por el acepté regresar a Los Ángeles. Había alcanzado tantas cosas a lo largo de mi carrera, que a menudo parecía que mi trabajo ya no pudiese ir a mejor. Tal vez por eso estaba decidida a no aceptar cualquier papel y a no meterme en la agobiante industria de Hollywood sin más. Estaba decidido: solo aceptaría si sentía que ese personaje era realmente para mí.      Y eso es justo lo que me pasó con Una cara con ángel en 1956, una película que me permitía hacer lo que más amaba en el mundo: bailar. Además se trataba de una comedia musical en la que trabajaría con la estrella Fred Astaire.      Durante dos meses ensayé canto y baile. Cumplí los veintisiete sintiéndome como cuando era una niña y me entrenaba Marie Rambert. Era como volver a ser aquella jovencita, solo que más madura, tenaz y por supuesto perfeccionista.      A pesar de que Fred Astaire a veces tenía mal humor, y...

Capítulo 86: "Mi cuerpo".

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    Mi cuerpo. Sí, lo sé, mi cuerpo daba que hablar en más de una ocasión. Siempre había sido así y lo tenía asumido. El caso es que para una secuencia de Guerra y Paz en la que llevaba los hombros al descubierto y tenía que echar a correr, el director de fotografía, Jack Cardiff, me recomendó ponerme un collar para disimular mis hombros marcados debido a mi eterna delgadez. Por supuesto me negué tal y como tenía que hacer. Le recordé que yo era como era y que hasta la fecha no me había ido tan mal siendo así.     Por descontado no era la primera vez que había pasado. De hecho, Arthur Wilde, publicista de la Paramount, ya intentó que me aumentara los pechos en una ocasión. Según contó Wilde años después, el estudio la mandó a él la tarea de informarme de que querían que me los aumentase. Además añadió que había iniciado un nuevo estilo en 1953 y que eso le parecía una maravillosa novedad.

Capítulo 85: "Vidor".

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     Vidor. La película de King Vidor, Guerra y Paz , se convirtió en una gran superproducción en la que me dejé la piel. Esta película sobrepasó el número de extras, vestuario, desplazamientos, alquileres, etc... A pesar de seguir bastante triste por la pérdida de mi breve embarazo seguí adelante. Me mostraba firme, tranquila y serena ante los demás, y más aún cuando trataban de inmiscuirse en mi vida.  

Capítulo 84: ¡Es imposible!

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     ¡Es imposible! Yo no valgo tanto. ¡Por favor, no se lo digas a nadie! Eso fue lo que exclamé cuando mi representante me confirmó lo que iba a cobrar por Guerra y Paz justo después de cumplir los veintiséis años y de estar pasando por uno de los peores momentos de mi vida. Por la película de Guerra y Paz iba a ganar trescientos cincuenta mil dólares más otros quinientos a la semana en dietas por cinco meses de rodaje. Mi marido Mel, en cambio, ganaría cien mil. Me convertí así en la actriz mejor pagada de la historia. Y a pesar de que le pedía a mi representante que fuera discreto, finalmente la prensa terminó haciéndose eco del asunto.

Capítulo 83: La tristeza más profunda.

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     La tristeza más profunda. Una pena enorme e indescriptible asoló nuestras vidas. Mel y yo perdimos a nuestro hijo a causa de un aborto espontáneo. Mi felicidad absoluta se trucó de pronto y todos nuestros planes se vinieron al traste. Acababa de ser nominada a los Premios Óscar tras el estreno de la película Sabrina en París. En mi carrera había conseguido algo muy complicado con aquella nominación, una segunda película y una segunda nominación, todo de una forma muy seguida. Pero para mí dicha nominación no tenía valor si no podía cumplir mi sueño de ser madre. En aquel momento sentí que me volvería loca. No comprendía por qué no podía lograr lo que otros tenían sin apenas  pretenderlo. Además, Mel ya tenía dos hijos de un matrimonio anterior pero yo seguía sin tener ninguno propio. Mi madre y Mel me recomendaron que me centrara en mi trabajo. Y eso fue lo que hice. 

Capítulo 82: Sensaciones extrañas.

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     Sensaciones extrañas. Por aquella época tenía sensaciones de lo más extrañas. Sentía el estómago revuelto cada mañana y a menudo me despertaba en mitad de la noche, pero aun así algo en mí hacía que me sintiese realmente radiante. Mi marido Mel y yo queríamos tener un hijo, pero no estaba resultando nada fácil. Fue entonces, tras aquella serie de síntomas, cuando lo comprendí. Y unos días después el médico lo confirmó. ¡Al fin estaba embarazada! Sentí que aquello valía más que cualquier otra cosa del mundo. Era mejor que obtener un importante premio cinematográfico, mejor que el éxito o que la fama. Al menos para mí era mucho mejor y estaba por encima de todo. Mi tristeza se disipó de inmediato. Y al compartir la noticia con Mel los dos fuimos felices juntos.