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Mostrando entradas de enero, 2026

Capítulo 153: Agente 007.

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     Agente 007. Mi hijo Luca enloqueció cuando se enteró de que su madre iba a trabajar con James Bond, el agente 007. El pequeño era un gran fan de sus películas.     De modo que el niño, la niñera, la peluquera, el maquillador y un ayudante, viajaron conmigo a España para rodar Robin y Marian.        Cualquiera habría podido pensar que había perdido la práctica después de tanto tiempo. Pero no, lo cierto es que para mí, colocarme delante de la cámara fue como montar en bici de nuevo.      Supe adaptarme bien y rápidamente a pesar de que el cine había cambiado, y no poco. Ahora ya nadie me consultaba prácticamente nada. Los actores se limitaban a actuar sin más ni menos. Nadie me avisaba de los cambios de guión. Sabía que tampoco tendría la oportunidad de visionar los planos junto al director para darle mi opinión sobre determinados aspectos tanto técnicos como artísticos. Y todo eso por no hablar d...

Capítulo 152: El nuevo guión.

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    El nuevo guión. Fue en enero de 1975 cuando recibí un nuevo guión. Llevaba años rechazando guiones y más guiones. Aun así mi agente seguía insistiendo en mandármelos. En esta ocasión mi reacción fue diferente. No me negué tajantemente desde un principio. ¿El motivo? Porque la historia me resultó realmente conmovedora además de original. Aquel guión tenía algo que contar, algo importante además.      Se trataba de Robin y Marian , un guión ingenioso y tierno que contaba el reencuentro de Robin Hood y Lady Marian siendo ya mayores. Robin Hood regresaba cansado y envejecido de las Cruzadas, y Marian era la abadesa de una comunidad religiosa.        De nuevo se me presentaba la oportunidad de volver a interpretar a una monja, dato que me llamó mucho la atención. Aunque esta vez se trataba de un tono muy distinto. Además, con los gastos médicos de mi madre y el mantenimiento de L a Paisible , no me venía mal reabastecer mis ...

Capítulo 151: La baronesa.

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     La baronesa. Mi madre vino a visitarnos a los niños y a mí a La Paisible. Mi madre había cumplido ya los setenta y ocho años. Comenzaba a tener problemas notables de salud y a necesitar ciertos cuidados médicos. Intenté que mi madre estuviese cómoda, procuré que no le faltase de nada. Aun así nuestros caracteres seguían sin encajar del todo. Mi madre, la fría baronesa Ella vam Heemstra, seguía tratándome con cierta distancia. Me consolaba pensar que, a estas alturas, ya no podía hacerlo mejor.