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Capítulo 39: Dificultades.

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      Dificultades. Cuanto más me centraba en mi gran sueño, más me encontraba con dificultades. Resultó que al haber pasado tanta hambre durante la guerra y al haber visto mi cuerpo tan perjudicado por su causa, estaba por detrás del resto de mis compañeras. Sus arabesques eran más perfectos que los míos. Sus movimientos eran más precisos que los míos. Y por supuesto sus cuerpos también eran mucho más resistentes que él mío.     Maldecía a la guerra por haber interrumpido mi formación, y al hambre por haber hecho mella en mi pequeño cuerpo de atleta. Por ello, cuando llegaba a casa por las noches tras una clase dura, me deprimía muchísimo. Veía como mi sueño se me escapaba de entre los dedos. Pero a la mañana siguiente todo era distinto. Por la mañana el sol volvía a brillar, y yo volvía a bailar.     Dadas las dificultades, me limitaba a repetir los movimientos que requerían una técnica más precisa. Al fin y al cabo conocía bien mi cuerpo, ...

Capítulo 38: Madame avispa.

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     Madame avispa. Madame avispa, también conocida como Marie Rabert, mi exigente pero también generosa profesora de baile, tenía planes para mí. Me ofreció una habitación en su residencia en Camp Hill Gardens en Kensington. Sin duda no se había arrepentido en absoluto de que mi antigua instructora Sonia Gaskell me recomendara tiempo atrás. 

Capítulo 37: Día a día.

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       Día a día. Tras la guerra, ya en 1948, mi madre y yo vivíamos disfrutando de todos y cada uno de los días de nuestra vida. Hacía ya nueve años que había abandonado Inglaterra y ahora al fin había vuelto.    Soñaba con bailar en el teatro Covent Garden y en ser la primera bailarina de una gran compañía de ballet.    Estaba muy feliz con mi nueva vida en Londres. A las diez de la mañana comenzaba la primera clase, y justo a las seis de la tarde comenzaba la última. Mientras tanto aprovecha los trabajos a tiempo parcial que lograba conseguir. Era modelo, niñera o portera. Todo fuera por ayudar a mi madre con nuestros gastos.    Más allá del pluriempleo, las clases de baile con Marie Rabert resultaban agotadoras y caras. A veces incluso hasta podía dar miedo porque Marie Rambert tenía por costumbre atizar en los nudillos con una vara a sus alumnos. Muchos de ellos lloraban. Pero a mí no me importaba puesto que estaba ya muy aco...

Capítulo 36: Londres.

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     Londres. Sí, al fin Londres. A finales del año 1948, mi madre y yo habíamos reunido el dinero suficiente para el viaje y el inicio de nuestra nueva vida en la capital inglesa. Mi madre trabajaría como portera en South Audley Street en Mayfair. Recuerdo como cada mañana salía corriendo, extasiada de felicidad, hacia la escuela de danza. Lista para ensayar. Lista para hacer mis sueños realidad. Y lista para demostrarle al mundo de lo que era capaz. 

Capítulo 35: Rumbo a Londres.

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    Rumbo a Londres. Londres me abriría un nuevo camino por lo que deberíamos esmerarnos para lograr ir a la capital inglesa. Empecé a trabajar como modelo a tiempo parcial. Participé en una película documental interpretando el papel de una azafata. También aprovechaba para diseñar y confeccionar sombreros. Mi madre se dedicaba a venderlos en el salón de belleza en el que trabajaba. Con cada trabajo como modelo, con el documental que había realizado, y con cada sombrero vendido sabía que me aproximaba cada vez más a mi querida Londres: Rumbo a mis sueños. 

Capítulo 34: Una nueva oportunidad.

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     Una nueva oportunidad. En aquel momento de tristeza profunda acudió a mí la mejor de las noticias. Mi profesora de ballet, Sonia Gaskell, me habló de la posibilidad de estudiar en una escuela avanzada de danza en Londres. Lo único que tenía que hacer era ponerme en forma. En aquel momento lo tuve muy claro. Inmediatamente recuperé mi figura ágil de bailarina. Pronto, la prestigiosa escuela londinense de Marie Rambert me aceptó con una beca. Cómo mi madre debía pagar mi alojamiento, manutención y demás gastos, decidió que lo mejor era que nos marchásemos todos a Londres ya que apenas llegaba a final de mes en Ámsterdam como para asumir también mis gastos en Londres. 

Capítulo 33: Fantasmas del pasado.

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     Fantasmas del pasado. Y ellos, los fantasmas de mi pasado volvieron a mí. La guerra, el hambre, el abandono de mi padre, la búsqueda fallida de afecto por parte de mi padre, la soledad en el internado, mis ilusiones truncadas, la muerte de mi tío Otto y de mi prima… todos aquellos recuerdos fatídicos rondaban mi mente en aquellos momentos de flaqueza con el baile. Aquello debió provocarme cierta ansiedad porque de pronto comencé a comer en grandes cantidades. Lo que más me gustaba era el chocolate, para mí, el sabor de la libertad. A parte de comer también optaba por dormir, simplemente, para no pensar.