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Capítulo 45: Sauce Piquante.

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   Sauce Piquante . Sauce Piquante era la segunda parte de Sauce Tartare . Cecil Landeau decidió aprovechar el éxito que había tenido el espectáculo para organizar esta segunda parte. El director teatral me proporcionó un papel más importante en la obra. El público me veía como a una bailarina distinta, con energía y mucha dedicación. Mi imagen distaba de la esperada para una bailarina como yo, y creo que ese aliciente atraía todavía más las miradas ajenas. Mi distinción me hacía destacar ante el gran público.    Según decían mis mejores críticos, era una joven elegante por naturaleza.   Además estaba mi acento, el cual denotaba claramente que provenía de otro lugar y por ende suscitaba cierto interés.   Incluso empecé a recibir cartas de admiradores. ¡Cartas! ¡Aquello sí que no me lo podía creer!  

Capítulo 44: Sauce Tartare.

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    Sauce Tartare . Sauce Tartare supuso un antes y un después en mi vida. Hacíamos dos funciones matinales y seis nocturnas. Mientras tanto, iba a clases de movimiento y dicción. Los sábados por la mañana, asistía a clases de ballet con barra, de ese modo no me perdía ni un solo entrenamiento de danza. A pesar de todo este ajetreo, todavía me quedaba tiempo para realizar algún que otro trabajo como modelo tal y como había estado haciendo hasta ahora.     Bailaba sobre un escenario del modo en que siempre había deseado. Además aparecía en anuncios de revistas y periódicos. Por lo que poco a poco mi imagen iba haciéndose de notar en Londres.    Sauce Tartare fue todo un éxito. Permaneció un año entero en cartel, con un total de cuatrocientas treinta y tres representaciones, y más de un pase diario. Sin duda toda una aventura que parecía no tener fin. 

Capítulo 43: Espectáculo.

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     Espectáculo. Sí, menudo espectáculo fue aquel. La comedia musical High button shoes estuvo en cartel durante doscientas noventa y una representaciones. Tuvo una inmensa repercusión a nivel colectivo, pero para mí fue más que eso.      Recuerdo bien aquella noche de primavera del año 1949 , c uando un hombre llamado Cecil Lanceledeau quiso hablar conmigo tras una función. Él era el productor de un espectáculo de revista musical, Sauce Tartare. Me ofreció ser una de las cinco bailarinas que saldrían al escenario durante varios números e incluso hasta me aseguró que tendría algunas líneas de diálogo. ¡Increíble! ¡Sabía que aquello también iba a ser un gran espectáculo!

Capítulo 42: High button shoes.

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     High button shoes. Era una comedia musical dirigida por Archie Thomson. Se estaban buscando coristas para algunos números musicales cortos con una buena nota de humor. Se presentaron nada más y nada menos que 3000 jóvenes y solo iban a escoger a 40. Una vez más me estaba enfrentando a una terrible lista…      ¡Y voilá! Esta vez mi nombre sí que figuraba en aquella lista. El 22 de diciembre de 1948 firmé al fin aquel contrato de una sola página. Recibía nueve libras por doce funciones semanales. Y aunque no era el tipo de espectáculo con el que había soñado, al menos me estaba ganado la vida bailando.      La música era necesaria en mi vida. Me lo pasaba bien compartiendo el camerino con las otras chicas. Tras el sufrimiento y el miedo que hasta entonces habían estado protagonizando mi vida, al fin sentía una alegría absoluta por estar viva. Al fin bailaba, bailaba de nuevo sobre un escenario cada noche. 

Capítulo 41: Reconstrucción.

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     Reconstrucción. Sabía muy bien que ahora tocaba reconstruirse. Y lo mismo hacia la ciudad londinense. Los cráteres que las bombas habían dejado a su paso se estaban reconstruyendo. Y aunque algunos edificios seguían medio derruidos, al menos ya no quedaban escombros a sus alrededores.        El abastecimiento no era como debía ser. Todavía faltaban productos básicos, y algunos otros eran racionados por el gobierno. Aun así la gente parecía un poco más optimista. Y al verles, teniendo en cuenta además mis circunstancias, sabía que había llegado la hora de renacer como el ave fénix.      Abandoné la residencia de Kensington para volver junto a mi madre. Fue entonces cuando comencé a buscar agencias artísticas que me permitieran introducirme en el mundo del teatro. Siempre había oído que con mi físico esbelto, mi habilidad para el baile y mi belleza natural, tendría muchas posibilidades. Yo no estaba segura del todo de qu...

Capítulo 40: Una gira en Australia y Nueva Zelanda.

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     Una gira en Australia y Nueva Zelanda. Eso era justo lo que estaba preparando mi exigente pero querida Madame Avispa , Marie Rambert, en aquel caluroso verano de 1948.     Estaba muy emocionada ante aquella posibilidad. Pensé que si algún día iba a bailar en el Covent Garden como primera bailarina, aquella era mi ocasión para empezar a brillar de verdad ante el gran público. Un “SÍ” o un “NO” era lo único que me separaba de mi sueño en aquel momento.       El terrible resultado fue un enormísimo “NO”. Me quedé mirando a Madame Avispa desconcertada. Fue entonces cuando esta me recordó aquello de que era demasiado alta. Y añadió que había comenzado a entrenar en serio siendo demasiado mayor y que por ende algún día sería una gran segunda bailarina o una muy buena profesora de ballet.     Recuerdo como me quedé sola en aquella enorme sala de ballet. Estaba completamente triste y desolada. Las lágrimas comenzaron a desce...

Capítulo 39: Dificultades.

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      Dificultades. Cuanto más me centraba en mi gran sueño, más me encontraba con dificultades. Resultó que al haber pasado tanta hambre durante la guerra y al haber visto mi cuerpo tan perjudicado por su causa, estaba por detrás del resto de mis compañeras. Sus arabesques eran más perfectos que los míos. Sus movimientos eran más precisos que los míos. Y por supuesto sus cuerpos también eran mucho más resistentes que él mío.     Maldecía a la guerra por haber interrumpido mi formación, y al hambre por haber hecho mella en mi pequeño cuerpo de atleta. Por ello, cuando llegaba a casa por las noches tras una clase dura, me deprimía muchísimo. Veía como mi sueño se me escapaba de entre los dedos. Pero a la mañana siguiente todo era distinto. Por la mañana el sol volvía a brillar, y yo volvía a bailar.     Dadas las dificultades, me limitaba a repetir los movimientos que requerían una técnica más precisa. Al fin y al cabo conocía bien mi cuerpo, ...